Home

Llega Syriza al poder y con la llegada de un nuevo proyecto político de democracia radical en Grecia parece cumplirse un ciclo completo en el proceso de la historia universal. Exagero, pero en cierta medida se produce en Grecia una especie de revancha de la historia. Pues no en vano en la Atenas clásica de los siglos VI y V a.C. nació la democracia radical occidental. Una idea simple pero revolucionaria, basada en la participación directa del ciudadano y en la involucración indiscriminada de éste en la toma de decisiones políticas mediante la asamblea y el desempeño de cargos público. (Eso, por supuesto, si eras varón y mayor de edad: mujeres, esclavos y metecos estaban totalmente excluidos del proceso político.)

Ahora Syriza llega al poder ondeando la misma bandera milenaria del populismo radical. Syriza se niega a que miles de empleados públicos pierdan su empleo. Se niega a aceptar las condiciones de la Troika en la renegociación de la deuda. Ha anunciado la elevación del salario mínimo, un plan de 12.000 millones en subvenciones públicas, la anulación de las reformas laborales llevadas a cabo como consecuencia de los pactos de austeridad, la nacionalización de antiguas empresas públicas… Se asustan algunos. Tiemblan los mercados. Pánico de los inversores, que han comenzado con la fuga masiva de capital. Syriza exige, en una palabra, medidas en beneficio y defensa del ciudadano.

Syriza parece tan populista y volátil como la asamblea ateniense clásica. Si extendemos la analogía, está justificado que muchos tengan miedo. La Atenas del pasado clásico era lugar dónde el “demos”, el pueblo, ejecutaba a seis de los diez generales victoriosos en una importantísima batalla naval—y ello porque a causa de una tormenta no habían recogido de las aguas a los atenienses supervivientes en el naufragio de 26 de sus naves, y los cuerpos sin vida de los muertos. (Me refiero a la victoria sobre los espartanos en la batalla de Arginusas en el 406 a.C., clave para la supervivencia de Atenas en la Guerra del Peloponeso.) Una comunidad en la que no se dudaba en ejecutar a un genio como el filósofo Sócrates bajo acusación de impiedad y de pervertir a la juventud con sus ideas. Ecos de suicidio político y cultural como el que Syriza parece haber puesto en marcha en 2015.

La Atenas clásica fue un experimento histórico y político único. Sus consecuencias y lecciones han conformado el legado occidental, y han cimentado la idea que nos hacemos de conceptos básicos como “democracia”, “gobierno popular”, “ciudadanía”. Paradójicamente, hoy la pequeña Grecia es una vez más pieza clave de la política universal. Como lo fue antes con la creación del euro: siempre dije que la desaparición del dracma fue metáfora perfecta del gris destino que se le avecinaba a nuestra Unión Europea. Una institución sin alma, que elimina de un plumazo la moneda más antigua en circulación del planeta (desde el 700 a.C., más o menos), sin ningún tipo de escrúpulo o miramiento hacia el pasado cultural europeo, es una institución sin empatía, sin alma cultural o intelectual, condenada de antemano al fracaso.

Grecia propone ahora un tipo diferente de experimento político e histórico. Es el primer miembro europeo que se revela contra la uniformidad burocrática de Bruselas, contra los tecnócratas que en su día la salvaron del colapso—como los generales ejecutados tras haber salvado a la polis en Arginusas. Es el radicalismo democrático del siglo XXI. ¿Qué estarán pensando Pericles, o Clístenes, en sus tumbas?

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s